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El ocio que nos queda

La obra de Ignacio Cartagena puede integrar perfectamente vida y poesía, y cualquier experiencia vivida, por nimia que parezca, es susceptible de convertirse en poema. El ocio que nos queda, al cabo, hace alusión a los jirones de tiempo que nos dejan nuestras ocupaciones diarias.

15,00 IVA Incl.

SKU: 9788417043445 Categoría: Etiqueta:

Detalles del libro

Peso 0.151 kg
Páginas

84

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417043445

Sobre el autor

Ignacio Cartagena

Ignacio Cartagena

Ignacio Cartagena (Alicante, 1977) ha publicado, a partir de principios de la pasada década, varios libros de poemas, entre los que se cuentan: Memoria de un Desnudo, Los nombres de Tanit, Tu cuerpo y otras dudas, Románico tardío  y Urnas, ánforas, vasijas: variaciones eróticas de un día en la playa, además de una plaquette de un solo poema titulada Sin palabras, edición a cargo del poeta José Luis Puerto. Es autor de diversos artículos y monografías de arte y literatura, entre ellas «Escrita en silencio: aproximación a la poesía albanesa contemporánea».

El ocio que nos queda es la nueva entrega poética de Ignacio Cartagena (Alicante, 1977), quien, hasta el momento, había publicado cinco libros de poemas, Memoria de un desnudo (2002), Los nombres de Tanit (2009), Tu cuerpo y otras dudas (2009), Románico tardío (2012) y Urnas, ánforas, vasijas (2014).

La poesía de Ignacio Cartagena se mueve siempre, a un tiempo, entre un fino culturalismo y una deslumbrante cotidianidad. Es lo que ocurre en algunos de sus libros, como Tu cuerpo y otras dudas y Románico tardío, en el que ofrece una visión lírica de la realidad cotidiana. Del mismo modo, hay una cierta tendencia hacia el erotismo

en buena parte de su obra poética.

La obra de Ignacio Cartagena puede integrar perfectamente vida y poesía, y cualquier experiencia vivida, por nimia que parezca, es susceptible de convertirse en poema. El ocio que nos queda, al cabo, hace alusión a los jirones de tiempo que nos dejan nuestras ocupaciones diarias. Aprovechen ese ocio: lean, por ejemplo, los versos de Ignacio Cartagena «antes que el tiempo muera en nuestros brazos», como indicaba el capitán Andrés Fernández de Andrada, autor de la Epístola moral a Fabio. Vale.

Joaquín Juan Penalva

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