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El patio amarillo

Aranda (seudónimo del poeta gaditano José Luis López Jiménez), tiene un dominio del verso castellano y de la métrica española clásica digno de subrayarse. La gente ha ido perdiendo el oído con el «todo vale» de la posvanguardia y ha olvidado que tradición y modernidad no tienen por qué ser términos contradictorios. Ofrece el verso al lector en su envoltura rítmica y sentimental (hay mucho sentimiento, mucha estética del recuerdo, mucha memoria íntima en El patio amarillo). Marín Aranda es, además, pintor, y enriquece su patio de palabras con unos amables dibujos que contribuyen a fijar las imágenes plásticas que emanan de sus propios poemas.

Luis Alberto de Cuenca

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Páginas

80

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417043155

Sobre el autor

Marín Aranda

Marín Aranda

Marín Aranda es el seudónimo de José Luis López Jiménez. (Algeciras, Cádiz).
Su carrera profesional transcurrió como directivo, docente y consultor en diferentes empresas y sectores, con especial dedicación al área de “dirección y desarrollo de personas”. Como algunas veces ha comentado, su vida se fue por las ventanas de los despachos y los recovecos de sus ocupaciones. Ahora el tiempo ha hecho que pueda sacar al papel y al lienzo sus poemas y sus pinturas, mostrando la vocación de poeta y pintor.
Se define como un gran soñador. Su lenguaje es directo y claro, prefiriendo la racionalidad y la expresión rítmica y musical de sus versos ante hipótesis que hay que descifrar. Escribe sobre la memoria de lo íntimo y de lo que acontece en la realidad de hoy, con métrica castellana y estrofas llenas de musicalidad y reflexión. Juega con las imágenes y las metáforas con especial sencillez, dejando ver el poema como una sinfonía que se abre paso ante el lector.

Marín Aranda (seudónimo del poeta gaditano José Luis López Jiménez), tiene un dominio del verso castellano y de la métrica española clásica digno de subrayarse. La gente ha ido perdiendo el oído con el «todo vale» de la posvanguardia y ha olvidado que tradición y modernidad no tienen por qué ser términos contradictorios.

Marín Aranda es, además, pintor, y enriquece su patio de palabras con unos amables dibujos que contribuyen a fijar las imágenes plásticas que emanan de sus propios poemas. En este nuevo libro no hay tanta presencia del soneto y de la décima como en el anterior, pero no se descuida en ningún momento la música del verso, que se ofrece al lector en su envoltura rítmica y sentimental (hay mucho sentimiento, mucha estética del recuerdo, mucha memoria íntima en El patio amarillo).

Luis Alberto de Cuenca

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