9788416447657

Epitafios para una tumba sin muerto

Esta obra surge como resultado de un arduo proceso de maduración conceptual y estilística. La angustia existencial parece prolongarse más allá de la propia vida –porque el poeta es un «muerto viviente»–, y ello le permite abordar temas como el amor/desamor, la lealtad/el egoísmo, el compromiso/la desilusión, la esperanza sentimental/ el vacio anímico…; todo ello transido por una melancolía que confiere al poemario un tono fuertemente neorromántico. Los originales y depurados recursos métricos y sintácticos que utiliza Arzola-Barris contagian a los versículos de una lentitud que ayuda a hacer más angustiosos los sentimientos expresados, convertidos en una especie de salmodia doliente y dolorosa que conmueve al lector por su indudable fuerza expresiva.

18,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Páginas

112

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788416447657

Sobre el autor

Miguel A. Arzola-Barris

Miguel A. Arzola-Barris

Nace en la localidad puertorriqueña de Yauco el 1 de enero de 1958. Completó el grado de Bachelor in Science en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Puerto Rico (1982) y Juris Doctor en la Escuela de Leyes de la Universidad Interamericana (1992). Maestro y docente en Caribbean Preparatory School,Commonwealth High School Campus, Colegio Rosa-Bell, Colegio Santísimo Rosario, de Yauco y Southwestern Educational Society –SESO–, en Mayagüez. Director Ejecutivo del Colegio Rosa-Bell, en Torrimar (Guaynabo) 2007-2014. En septiembre de 2015 es contratado por la Junta de Directores de Caribbean School Inc., interinamente, en la ciudad de Ponce; lo que supone la continuación de una carrera profesional educativa y de gestiones de carácter administrativo/ejecutivo que tuvo sus antecedentes más próximos en los siete años en que trabajó en el Colegio Rosa-Bell en Guaynabo. Presidente de la Comisión Acreditadora de Instituciones Educativas de Puerto Rico (CADIE, 2002-2004). Ha presidido la Asociación de Educación Privada de Puerto Rico (AEP, 1999-2000).

Arzola-Barris inicia su andadura poética en 1974, con la obra Poemas sin título. Obtiene el Primer Premio del Certamen Literario de la Universidad de Puerto Rico (1975) con Tres poemas y una canción, que posteriormente pasará a llamarse Mi voz y tres cantos. De 1976 es la obra Variaciones sobre un mismo tema, a la que siguen Desde mi adentro (1978), Piedras de este tiempo (1980), Variaciones (1986), Está la ventana rota (1999) y Desde lejos busco la noche del silencio de las tinieblas (2004). La tinta es sudario de la carne y las palabras... (2007) es el libro inicial de la trilogía «Las noches del unicornio», concluida en 2012, junto a Silencio abierto de sombra (2010), que obtuvo el Segundo Premio Nacional de Literatura de Puerto Rico, 2010, y Levanto la piel del agua (2012). Su obra ha sido premiada en otras ocasiones y Arzola-Barris ha encontrado en la poesía una tabla de salvación de lo humano.

El libro De huesos y de tumbas, sostiene sus ansias de inmortalidad, en la más ortodoxa tradición trascendente.

Tras concluir De huesos y de tumbas, Miguel A. Arzola-Barris inicia un nuevo proyecto poético que ve la luz en la primavera de 2016, y que entra de lleno en un tipo de literatura a la que se le podría aplicar el calificativo de «funeraria »: Epitafios para una tumba sin muerto. El libro surge como resultado de un arduo proceso de maduración conceptual y estilística. La angustia existencial parece prolongarse más allá de la propia vida –porque el poeta es un «muerto viviente»–, y ello le permite abordar temas tan espinosos, como el amor/desamor, la lealtad/el egoísmo, el compromiso/la desilusión, la esperanza sentimental/ el vació anímico…; y todo ello transido por un sentimiento de melancolía que confiere al poemario un tono fuertemente neorromántico.
Por otra parte, a lo largo de este último quinquenio,Arzola-Barris ha ido depurando los recursos retóricos de su poesía, hasta encontrar un estilo original que convierte cada poema en un universo perfectamente estructurado, que se manifiesta en la profunda interacción de todos los planos lingüísticos. Porque si original es la andadura métrica de sus versículos y el tratamiento del material fónico que se apoya en la dureza de la forma sonora de las palabras, no lo es menos la sintaxis elegida, puesta al servicio de contagiar a los versículos de la lentitud que ayuda a hacer más angustiosos los sentimientos expresados, convertidos en una especie de salmodia doliente y dolorosa (que causa o implica dolor físico o moral) que conmueve al lector por su indudable fuerza expresiva. Y original –originalísimo– es el mundo de imágenes oníricas, claramente surrealistas, que Arzola- Barris pone en pie, en un alarde de creatividad poética, y haciendo uso de una adjetivación rica en valores connotativos que abre la puerta a las más insospechadas interpretaciones personales, en un auténtico proceso de recreación estética.
En conclusión, Arzola-Barris se termina de definirse con estos dos endecasílabos: «Ángel caído de cortadas alas / sobre un negro abaníco de colores» (13 de marzo de 2016); definición que encierra todo un oxímoron que refleja claramente su compleja personalidad, tanto poética como real. Y el libro Epitafios para una tumba sin muerto justifica sobradamente el concepto que el poeta tiene de sí mismo. Este es el reto que se le propone al lector: bucear en las profundidades del alma humana para intentar llenar el hueco emocional que destruye al poeta día a día.

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