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Leda. Acuérdate de olvidarla

Son duros estos Recuerdos, como es inusitadamente despiadada la pobreza inducida por las dictaduras, heredad natural del colonialismo. ¿Y acaso no son de una sordidez angustiosa Crimen y castigoLos miserables, La madre o Las uvas de la ira? ¿No lo es todo Dickens, o todo Baldwin, o todo Lessing? ¿Cómo describir retóricamente tiranías, opresiones y miseria sin adentrarnos en la perversidad de sus efectos sobre cada persona?

24,00 IVA Incl.

SKU: 9788417043742 Categoría: Etiquetas: , ,

Detalles del libro

Páginas

380

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417043742

Sobre el autor

Calabró, Corrado

Calabró, Corrado

Corrado Calabró (Reggio Calabria, 1935) ingresó muy joven en la magistratura del Consejo de Estado del que fue designado presidente adjunto. Desde 2005 es presidente de la Autoridad para las Garantías en las Comunicaciones (AGCOM). Su primer volúmen de poemas, Prima attesa (Guanda, Parma, 1960) fue escrito entre los die- ciocho y los veinte años. A este le siguieron otros muchos volúmenes, entre los cuales cabe citar los siguientes: Agavi in flore (SEN, Nápoles, 1976); Vuoto d’aria (Guanda, Milán, 1979 y 1980, tres ediciones); Presente anteriore (Vanni Scheiwiller, Milán, 1981); Mittente sconosciuta (Franco Maria Ricci, Milán, 1984); Rosso dAlicudi (Mondadori, Milán, 1992, tres ediciones, que reúne todos los libros publicados hasta entonces); Lo stesso rischio-Le méme risque (Crocetti, Milán, 2000); Le ancore infeconde (Pagine, Roma, 2000). En 2002 Mondadori publicó en la colección «Oscar», bajo el título Una vita per il suo verso (dos ediciones) una exhaustiva muestra de su poesía, con un importante prólogo de Dante Maffia. En 2009 salió, publicado también por Mondadori, La Stella promessa. Sus libros Poesie d’amore (Newton & Compton, Roma, 2004) y T'Amo di due amori y antología temática de sus poemas de amor (con un CD que contiene 19 poemas leídos por el actor Giancarlo Giannini, Vallardi, Milán, 2010), confirman el éxito también de público de Calabró. Existen numerosas traducciones de sus libros: tres al español; dos al francés, inglés, húngaro, sueco y ucraniano; una al rumano, ruso, serbio, portugués, griego, polaco y danés.

Provoca asombro una obra que devuelve la Roma de los viejos y nuevos ricos de los años setenta. El autor se regocija perfilando un cuadro en el que todo parece inventado y casi inverosímil, pero la hábil administración de los trazos empuja al lector a reconocer hechos y personajes que habían levantado años atrás la curiosidad del ciudadano medio por sus escandalosas vicisitudes. La implicación es absoluta y compleja, y no exclusivamente intelectiva.

Un espíritu distinto mueve la trama de fondo de la novela. En las páginas dedicadas a la pasión el amor pierde toda aura de confortante espiritualidad. Los protagonistas, Leda y Alceo, son dos cuerpos que se encuentran y encajan. Sus vidas sufren un desplome, un terremoto que tiene algo de fatalidad y de sobrecogimiento. Toda la novela es un peán a la primacía de lo físico. El hombre y la mujer viven una experiencia extrema y violenta: encontrarse y amarse comporta desde un punto de vista narrativo la descripción de un acontecimiento primario y absoluto. Amar tiene algo de terrible y grandioso fuera de cada certeza y de cada contención.

Un rito dionisíaco así como nos lo había entregado originariamente Catulo. Cuando, a continuación, empieza a crecer sobre sí misma, la trama se mueve a lo largo de un recorrido que contamina la pureza de los cuerpos con las torturas de la mente. La espléndida Leda de fetiche de gozo sexual se convierte en la obsesión de una sospecha continuada y acaba siendo una presa, tal vez cómplice.

Es una presencia altiva y secreta, totalmente identificada con las dotes superiores de un cuerpo de marmórea perfección clásica. Alceo es el amante por antonomasia, el Hombre que quiere dominar las pulsiones de la Mujer. Pero el «juego» a tres se desliza por un plan de atrevimientos cada vez más fuertes y el que lo ha sugerido y encaminado se encuentra poco a poco en una situación de creciente incomodidad. Llega el momento en el que Alceo, atrapado por el mecanismo que ha puesto en marcha, tiene que enfrentarse a una Leda que reclama perentoriamente su propia autonomía de acción. En este punto Alceo tiene que tomar nota de su derrota. Desde su interior brota el imperativo salvífico y antagónico: ¡Acuérdate de olvidarla!

 Carlo A. Madrignani

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