El silencio de la luz

Entre estos delicadísimos poemas de versos breves del «silencio de la luz» se encuentran dos que delatan con toda claridad, la visión que tiene Salomé Ortega de lo que significa el siempre el enigmático concepto de poesía: «…Mientras haya palabras cautivas, / liberadas por la luz, / habrá poesía». «El enigma de un verso, / lo escribe el silencio. Salomé ortega, no se rinde ante la desquiciada realidad del paso del tiempo, y de los terribles, feos tiempos que nos han invadido como monstruos depredadores, ávidos de muerte, y destrucción de la memoria más no del náufrago olvido.»

16,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.208 kg
Páginas

122

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788416447015

Sobre el autor

Ortega, Salomé

Ortega, Salomé

Salomé Orteganació en Campo Cámara (Granada). Aunque se trasladó a Madrid siendo muy niña.

Ha publicado poesía y narrativa. Entre sus libros podemos destacar Los siete velos, Granada abriéndose, y la novela Déjame ser tu derrotada estrella. De La sabia insinuación de las cosas Luis Landero dijo que «es una verdadera fiesta para los sentidos» y Miguel Delibes declaró que «es una obra llena de expresividad». Obtuvo el prestigioso Certamen Internacional Encarna León de la Ciudad de Melilla por su libro La alfombra de la palmera y la media luna, «una protesta bella y terrible», como dice José Antonio Marina. Perdí las estrellas, «es uno de los libros más bellos que se han escrito» según Antonio Colinas. El frío que me vela «es un hermosísimo libro» subrayó Luis García Montero. El silencio de la luz es la última obra de Salomé Ortega.

Entre estos delicadísimos poemas de versos breves del Silencio de la luz se encuentran dos que delatan con toda claridad, la visión que tiene Salomé Ortega de lo que significa el siempre enigmático concepto de poesía: «Mientras haya palabras cautivas,/liberadas por la luz,/habrá poesía». «El enigma de un verso, /lo escribe el silencio».

Estos versos son toda una declaración que marcan, en profundidad, todo el «corpus» anímico del poemario. Por un lado la búsqueda de la luz tras la opacidad de las palabras cautivas por la sinrazón, y por otra la búsqueda de los sentimientos que apenas son latidos cansados, ya ausentes de corazón. Esa búsqueda se sabe perdida, inútil, vacua, pero impulsada aún por la urgencia de manifestar esa penúltima derrota resistiendo a través de la escritura a modo de refugio, ya que no de tabla de salvación.

Salomé Ortega, no se rinde ante la desquiciada realidad del paso del tiempo, y de los terribles, feos tiempos que nos han invadido como monstruos depredadores, ávidos de muerte, y destrucción de la memoria más no del naufrago olvido.

Son poemas desnudos, limpios, casi transparentes. Nada sobra, nada falta, todo es esencial. Algunos evocan la estructura del «haikú», otros pertenecen al ámbito del aforismo, y otros son pura lucidez emocional, siempre contenida, justa, exacta.

Hay otros con motivos amorosos, también precisos, en los que la elegancia prima sobre la tentación confesional: Encontré en tus ojos,/la lágrima,/ que buscaba.

No es fácil escribir palabras sobre otras palabras que uno hubiera deseado escribir, pues me siento muy afín no sólo al universo tanto reflexivo como emocional de estos poemas sino también del minimalista formato de su escritura.

Sin duda, estos poemas son mucho más que una colección de versos escritos en un tiempo y un espacio. Son, en todo caso, reflexión sobre el tiempo y el espacio de la poeta, en la sucesión de claroscuros y ruidosos silencios, que trazan el itinerario a ninguna parte de la aventura de la vida.

Salomé Ortega se busca a sí misma en ese proceso e intuyo que empieza a vislumbrarse en el espejo roto de la poesía.

Luis Eduardo Aute

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