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Los tres bebés magos (Cuentos infantiles para abuelas y abuelos)

«Recuerdo que de niño le pintaba la cara de amarillo al Rey Gaspar, adornándose además con unos bigotes muy caídos y unos ojos rasgados. Dos reyes blancos y uno negro, que además se mencionaba siempre en último lugar, constituían a mi infantil modo de ver el mundo, una inaceptable prueba de racismo y falta de equidad. Los tres bebés magos me parece un cuento adorable, y me hubiera encantado que mi abuela me lo contara antes de dormir, ya que con ello habría hecho volar mi fantasía. Y ya se sabe que durante la infancia la fantasía es casi tan importante como la leche materna.»

Alberto Vázquez-Figueroa

16,00 IVA Incl.

SKU: 9788416447619 Categoría: Etiqueta:

Detalles del libro

Páginas

38

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788416447619

Sobre el autor

Blanco, Lola

Blanco, Lola

Lola Blanco nace en Madrid. En sus calles, entonces con pocos coches, y en sus parques vivió «esos días azules y ese sol de la infancia». Lo recuerda con nostalgia, como Antonio Machado.

Estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Dedicada a la enseñanza de Literatura, Lengua y Latín, ha disfrutado recorriendo con sus alumnos las rutas literarias de El Quijote, El Cid, La Celestina. Ha publicado artículos literarios y cuentos. Su gran afición es escribir poemas, por los que recibió el Premio de Poesía Gerardo Diego. Entusiasta del teatro, ha escrito y dirigido obras de teatro juvenil. Obtuvo así en 1990 el Premio Nacional de autor de teatro infantil y juvenil (AETIJ) con la obra Amarillo Molière.

Vive en Pozuelo, donde han nacido sus hijos y sus nietas. Le gusta hacer senderismo y caminar por el campo. Pero, siempre que puede se escapa, sin que nadie se dé cuenta, a la playa, junto al mar.

Garcia del Rey, Alfonso

Garcia del Rey, Alfonso

Alfonso Garcia del Rey siempre dibuja desde ninno con la mano izquierda. Su formacioon y experiencia como arquitecto superior le han ido ensennando a hacerlo con mayor eficiencia cada vez.

Atrás quedaron innumerables garabatos en los maargenes de los apuntes de la Universidad Politecnica de Madrid, convertidos luego en los croquis durante el desarrollo de cada proyecto. Ahora, en el ejercicio de su profesion, siempre recurre a esbozar el garabato preciso en los maargenes de los planos de ejecucion, en las pizarras de las reuniones con equipos, clientes y tecnicos o las paredes de la obra.

Y tambien, por supuesto, ilustra graficamente las ideas, narraciones y argumentos de otros autores para hacerlos maas claros o elocuentes, tanto en columnas de opinion para prensa, como portadas de revistas o cuentos tan especiales y queridos como este.

Recuerdo que de niño le pintaba la cara de amarillo al Rey Gaspar, adornándose además con unos bigotes muy caídos y unos ojos rasgados.

Mi hermano y mi padre se enfadaban, alegando, y con razón, que aquello constituía un atentado contra una de las más arraigadas costumbres religiosas y familiares, pero mi madre me apoyaba visto que mis razonamientos se le antojaban razonables.

Si los tres reyes que acudían a adorar al niño eran Magos, venían de Oriente y en Oriente la cultura predominante era la china, resultaba lógico y equitativo asignarles un representante chino al Niño-Dios, ya que además los amarillos constituyen la tercera parte de la población mundial.

Dos reyes blancos y uno negro, que además se mencionaba siempre en último lugar, constituían a mi infantil modo de ver el mundo, una inaceptable prueba de racismo y falta de equidad. Y esa fea costumbre de ver las cosas desde una perspectiva «no oficial» me acarrearía a lo largo de mi vida graves enfrentamientos con las «autoridades competentes», que raras veces han aceptado mi particular forma de pensar.

Pero pensar que lo que es injusto continúa siendo injusto, pese a que vaya en contra de la tradición, constituye sin duda una prueba evidente de cabezonería. Y, si algo he sido en mi vida, es cabezota.

Los tres bebés magos me parece un cuento adorable, y me hubiera encantado que mi abuela me lo contara antes de dormir, ya que con ello habría hecho volar mi fantasía. Y ya se sabe que durante la infancia la fantasía es casi tan importante como la leche materna.

Insisto en que el cuento resulta fascinante, pero me hubiera parecido mucho más redondo si Lola

hubiese creado también una tirita verde y una tarta de pistacho.

Alberto Vázquez-Figueroa

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