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Voces en el silencio (Y se llamaban Mahmud y Ayaz)

En la poesía íntima que alimenta esta obra está presente, junto a la celebración amorosa, la denuncia del caso real de dos jóvenes amantes iraníes, Mahmud y Ayaz, a quienes la cruel ceguera de una sentencia injusta llevó al abismo de la muerte, cuando el único delito que cometieron en su breve existencia fue amarse con una devoción sin límites. Voces en el silencio trata de esas voces que fueron silenciadas y que, pugnando por abrirse paso, se han ido convirtiendo en un clamor que pide libertad y que demanda igualdad ante la ley y respeto por la diferencia en la parte del mundo que niega esos derechos fundamentales.

15,00 IVA Incl.

SKU: 9788416447459 Categoría: Etiqueta:

Detalles del libro

Páginas

102

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788416447459

Sobre el autor

Jiménez, Carlos

Jiménez, Carlos

Carlos Jiménez nace en Madrid y, a pesar de su formación como economista, ha dedicado los últimos años a la gestión cultural tanto en la Administración Pública como en la empresa privada. Ha ocupado diversos cargos en la Comunidad de Madrid, siendo el último como Director General de Promoción Cultural hasta 1995. Posteriormente, ha sido Director del Corral de Comedias de Alcalá de Henares, dentro de la Fundación Teatro de la Abadía. Tras su paso por la producción y la distribución teatral desde el ámbito privado, actualmente ocupa el cargo de Coordinador de Cultura, Participación Ciudadana y Educación del Ayuntamiento de Coslada (Madrid).

El 2013 creó el ciclo Los Martes, Milagro, con el objetivo de acercar la poesía al gran público a través del teatro, actividad que le apasiona desde hace ya algún tiempo. Ha estrenado como dramaturgo Mística y poder, El jardín de Venus, Un viaje al Parnaso, Amor oscuro, También la verdad se inventa, Despedidme del sol y de los ríos, Minotauro, Café burlesco, Canto general. Tarde o temprano, Guiomar..., parte de cuyas obras también ha dirigido.

Lucía Megías, José Manuel

Lucía Megías, José Manuel

José Manuel Lucía Megías nació en Ibiza, aunque su vida ha estado ligada a Madrid, a Segovia, a Badajoz. En el año 2000 se publicó su primer poemario: Libro de horas, al que le han seguido Prometeo condenado (Madrid, 2004), Acróstico (Madrid, 2005), Canciones y otros vasos de whisky (Madrid, 2006), Cuaderno de bitácora (Madrid, 2007), Trento (o el triunfo de la espera) (Bari, 2009), Tríptico (Madrid, 2009), Y se llamaban Mahmud y Ayaz (Madrid, 2012, 3ª ed. 2013) y Los últimos días de Trotski (Madrid, 2015).

Ha participado en varios recitales poéticos en Brasil, Argentina, Colombia, Francia, Italia, Uruguay y España. Es director de la Plataforma literaria “Escritores Complutenses 2.0” y de la Semana Complutense de las Letras.

Es catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Pen Club España.

Una mujer ejerce como narradora, junto a dos hombres que después, por obra y arte de la magia escénica, se transformarán en los muchachos protagonistas. Toda la pieza, ahora publicada de manera ejemplar por Sial/Pigmalión, está transida de poesía, en un tipo de teatro lírico que me evoca aquella fiesta de la poesía dramática que Foxá publicó en 1940 y que lleva el exótico título de Cui-Ping-Sing, o los arrebatados dramas simbolistas de un Maeterlinck, en los que tanto he tenido el placer de bucear desde hace más de medio siglo. Y en esa poesía íntima que alimenta toda la obra no deja de estar presente, junto a la celebración amorosa, la denuncia de un caso real como el de los jóvenes amantes iraníes, a quienes la cruel ceguera de una sentencia injusta llevó al abismo de la muerte, cuando el único delito que cometieron en su breve existencia fue amarse con una devoción sin límites.

Se llamaban Mahmud y Ayaz. Sus nombres han quedado grabados para siempre en el catálogo de víctimas de las intransigencias y brutalidades que nutren la historia de los seres humanos a través de los siglos. Y se han convertido en exempla para todos, porque todos los que creemos en la libertad fuimos ahorcados con ellos por la barbarie fundamentalista, y todos tenemos la responsabilidad de poner nuestro grano de arena individual para que atrocidades como la que ellos padecieron no vuelvan a ocurrir en ningún lugar del planeta.

De ello nos habla Voces en el silencio. Voces que fueron silenciadas y que, pugnando por abrirse paso, se han ido convirtiendo en un clamor que pide libertad y que demanda igualdad ante la ley y respeto por la diferencia en la parte del mundo que niega esos derechos fundamentales.

Luis Alberto de Cuenca

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