Presentación en Cartagena de Indias del libro: El canto errante y otros poemas

Rubén Darío, seudónimo de Félix Rubén García Sarmiento, nació en Metapa, actualmente Ciudad Darío, en 1867, y murió en León, Nicaragua, en 1916. Es una de las voces más destacadas de América, y su influencia en la poesía española ha sido considerable. Sus obras poéticas y ensayísticas se caracterizan por las innovaciones temáticas, entre exóticas y esteticistas, y por la renovación del lenguaje, tanto el de la poesía como el del ensayo. Tras varios libros juveniles publicó Azul… (1888), con el que se inaugura el modernismo hispanoamericano. En 1896 publicó Prosas profanas, piedra de toque de la corriente modernista, y Los raros, su personal vademécum de la literatura del fin de siglo. Alcanzó su plenitud con Cantos de visa y esperanza (1905), que se prolongaría con El canto errante (1907) y Poema de otoño (1910). Entre las obras ensayísticas de su etapa europea destacan: España contemporánea (1901), La caravana pasa (1902), Tierras solares (1904) o Todo al vuelo (1912). Es autor de varios libros autobiográficos como Historia de mis libros (1912) y La vida de Rubén Darío contada por él mismo (1915).
El canto errante y otros poemas
En 1907 apareció publicado El canto errante, un libro maravilloso, amplio, ordenado por el propio Rubén Darío con poemas de diversas épocas. Sería su último gran libro de poesía y en él se advierte la plena consolidación del estilo del nicaragüense. Para los nuevos poetas de las Españas (a quienes está dedicado) será un precursor, un iniciador; al fin y al cabo fue Rubén quien implantó entre ellos las nuevas modas poéticas que avanzarán los inminentes movimientos vanguardistas.
Recuperamos aquí en facsímil —tal y como lo conoció su autor— este libro decisivo, añadiendo así al poemario un valor documental extraordinario. Y para contextualizarlo en la obra total de Darío lo completamos con cuarenta y nueve poemas (con esa edad murió el gran poeta universal), una pequeña antología que tomo de sus otros libros, quedando así todos representados en una lectura integral.
La poesía del siglo xx es deudora de la curiosidad intelectual de Rubén Darío, de su sentido y profundo misterio de la vida, de su arrolladora energía creadora, de su capacidad de admiración, de su sinceridad, de su compasión hacia los que sufren… Volver a leer, o descubrir por primera vez, la escritura del padre del Modernismo es sumergirse en el misterio mismo de la poesía. Porque yo sigo pensando —como Darío— que la búsqueda de lo más bello es necesaria para el hallazgo de lo más humano.
Hilario Jiménez Gómez
