Recital poético y musical en Madrid: Poetas por la paz
Participantes
Compositores y cantantes:
- Cristian Báez
- Álex Flórez
- José Luis Pardo
- Saulo
Poetas:
- Fernando Aguado
- Vicente Araguas
- Alain Atouba
- Luisa Ballesteros
- M.ª Ángeles Cantalapiedra
- Ángeles Castillo Núñez
- M.ª Pilar Cavero Montori
- M.ª Antonia García de León
- Inma Jiménez Jorquera
- Paty Liñán
- José Luis López Amigo
- José Luis Marín Aranda
- Socorro Mármol Brís
- Gloria Nistal
- Ana Ortega Romanillos
- Adelaida Porras
- Antonio Portillo
- José Fernando Siale
- Abdo Tounsi
- José Gerardo Vargas Vega
Presentan y coordinan: Marisol Esteban y Daniel Migueláñez.
Dirige: Basilio Rodríguez Cañada.
Les esperamos.
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Poetas por la paz
Vivimos tiempos convulsos, de desconcierto e incertidumbre, de conflictos bélicos y de muerte, de desolación constante. Asistimos impotentes a la implantación a nivel global de nuevos valores basados en el poder macroeconómico de las multinacionales, bajo el poder fáctico de políticas impuestas, subsidiarias de esos perversos poderes transnacionales. Todo parece indicar que la humanidad está a la deriva, sin rumbo conocido por la mayoría de nosotros, que nos sentimos frágiles, temerosos y desubicados, apáticos y desmotivados, sin poder dar un golpe de timón y evitar el previsible naufragio que nos aguarda a la mayoría.
Quizá sea el momento adecuado para echar mano de la poesía como tabla de salvación o, al menos, utilizarla como la última trinchera desde la que luchar contra la barbarie y las intransigencias absolutistas, contra la dictadura de la desazón. Porque, como afirmaba Gabriel Celaya, “la poesía es un arma cargada de futuro”:
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Que hablen los poetas, que a través de su poesía han de inocular confianza, fortaleza y esperanza a los hombres, ángeles fieramente humanos, como sentenció Blas de Otero:
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Así pues, es preciso trocar la dura realidad para conseguir un mundo más benigno y, si es preciso, morir en el “campo del amor”, porque, como también escribió el citado poeta vasco, uno de los principales representantes de la poesía social y comprometida:
Si me muero, que sepan que he vivido
luchando por la vida y por la paz.
Apenas he podido con la pluma,
apláudanme el cantar.
Si me muero, será porque he nacido
para pasar el tiempo a los de atrás.
Confío que entre todos dejaremos
al hombre en su lugar.
Porque los vates, trovadores y juglares son la voz del pueblo y en sus versos resuenan los sueños e ilusiones de todos los que habitamos y sufrimos este maltrecho mundo.
“Y los poetas cantarán nuestras gestas…”.
