Presentación en Roma del libro: El tiempo de emprender el camino (Il tempo di mettermi in cammino)
Introduce:
Cinzia Marulli
Partecipazione:
Basilio Rodríguez Cañada, presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión,
Intervento dell’autore Emilio Coco.
Les esperamos.
Grupo Editorial Sial Pigmalión
C/. Bravo Murillo, 123, 6.º D, 28020 Madrid
Teléfonos: 91 535 41 13 / 686 500 013
Correo electrónico: editorial@sialpigmalion.es
Blog: http://editorenvilo.blogspot.com http://sialediciones.blogspot.com
Facebook: http://www.facebook.com/pages/SIAL-Ediciones/235143067848

Emilio Coco
Emilio Coco, nacido en San Marco in Lamis (Foggia, 1940), es poeta, hispanista, traductor y editor. Entre sus trabajos más recientes destacan: Antologíadellapoesía basca, tres volúmenes de Teatro spagnolo contemporáneo, El fuego y las brasas. Poesía italiana contemporánea. Los poetas vengan a los niños, Poeti spagnoli contemporánea Jardines secretos. La parola antica (Nove poeti indigeni messicani). Dalla parola antica alia parola nuova. 22 poeti messicani d’oggi. Como poeta ha publicado: Profanazioni, Le parole di sempre, La memoria del vuelo. Fingere la vita. Contra desilusiones y tormentas, II tardo amore (traducido al español, al gallego y al portugués, Premio Caput Gauri, 2008), II dono dellanotte (Premio Alessandro Ricci-Cittá di Garessio, Premio Cittá di Adelfia, Premio Metauro, Premio della Giuria «Alda Merini»), El don de la noche y otros poemas, Ascoltami Signore (traducido al español por Guillermo Fernández con el título Escúchame, Señor) y algunas pla- quettes. Dirige las colecciones I Quaderni di Abanico y Universi, y es editor de I Quaderni della Valle. En 2003 el rey de España Juan Carlos I le otorgó la encomienda con placa de la orden civil de Alfonso X el Sabio.
El tiempo de emprender el camino (Il tempo di mettermi in cammino)
Nunca, Señor, la muerte / me hizo saborear tanto la vida: se abre así, con un heptasílabo y un endecasílabo, sobre un escenario cementerial, el nuevo libro de Emilio Coco, poeta de lugares y afectos. Mas, aunque el poeta camine absorto en pensamientos tristes y el verbo que campea en el título aluda a otra clase de caminar, este libro no es en absoluto elegíaco. El poeta –que tiene que bregar cada día, alcanzados ya los ochenta años, con la idea del final, del cuerpo que lo abandona pedazo a pedazo — no tiene ninguna intención de abandonar la vida, que para él es, está claro, una vida hecha de cosas concretas, de alegrías muy tangibles. Es más, le agradece a Dios por las tentaciones / que querrás dispensarme a cada instante; ha amado tanto el mundo y sus alegrías, que le pide a la Muerte que vuelva dentro de unas semanas, / mejor dentro de un año o lo más tarde posible. Lo que le empuja a dirigirse hacia el lugar de los muertos no es, pues, la falta de un impulso vital, sino el estado de degradación, de miseria moral en los que se halla la ciudad de los vivos.
El autor, que ha dedicado la mayor parte de su vida a la poesía, llega a ahuyentar de sí mismo –renuncia suprema — las lindas palabras, las que podrían / pertenecer a un poeta erudito. A partir de ahora, las suyas serán palabras cogidas de la calle, / hechas de medias sucias y ropa por lavar / de cantilenas / de los vendedores en los puestos del mercado, / palabras deformadas por el peso del cieno, / que he intentado limpiar a fondo / ornándolas con metros del pasado / y que no gustarán a mis amigos poetas / y a los hacedores de versos incomprensibles / que aborrecen la belleza de lo cotidiano. Una elección que implica una especie de «teología» nueva, poética esta vez: un mensaje en una botella que el poeta tira al extenso mar de la vida y de la historia.
Giancarlo Pontiggia
