Espejo de caballerías (Primera parte) (Guía de lectura)

Con este libro se inicia el ciclo homónimo, compuesto además por una continuación y una tercera obra, Roselao de Grecia. Esta primera parte es una adaptación del poema caballeresco italiano Orlando innamorato, de Mateo Boiardo. Si bien mantiene algunos elementos característicos del poema boiardesco, apenas iniciada su lectura se percibe la herencia de los paradigmas castellanos del género, Amadís de Gaula y Sergas de Esplandián. Por sus páginas se despliegan los elementos típicos del relato caballeresco: la sucesión de combates, tanto individuales como colectivos, es interminable; los enredos amorosos, con varios protagonistas, resultan relevantes para el desarrollo de la acción; no faltan los episodios en los que los caballeros acceden a un mundo donde la magia y la fantasía ponen las reglas. Pero estas huellas de la caballeresca castellana no son las únicas que se perciben en el texto. Del mismo modo, por sus páginas asoman personajes de las dos tradiciones caballerescas más relevantes de la Edad Media. Por un lado, la materia de Francia, ya que aparecen Carlomagno y sus pares, sobre todo Roldán y Renaldos, protagonistas absolutos de la obra castellana. Al mismo tiempo, el legado artúrico de la materia de Bretaña también se encuentra presente en sus dos vertientes, pues se menciona a Arturo y a Merlín, y se utiliza el motivo del filtro amoroso, que está tan asociado al ciclo de Tristán. La mezcla de tales ingredientes da como resultado una obra tan notable que pudo escapar del fuego en el escrutinio de los libros del famoso caballero manchego, aunque no pudiese evitar la condena del exilio.

12,50 IVA Incl.

Detalles del libro

Páginas

112

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788496408654

Año de publicación

2009

Con este libro se inicia el ciclo homónimo, compuesto además por una continuación y una tercera obra, Roselao de Grecia. Esta primera parte es una adaptación del poema caballeresco italiano Orlando innamorato, de Mateo Boiardo. Si bien mantiene algunos elementos característicos del poema boiardesco, apenas iniciada su lectura se percibe la herencia de los paradigmas castellanos del género, Amadís de Gaula y Sergas de Esplandián. Por sus páginas se despliegan los elementos típicos del relato caballeresco: la sucesión de combates, tanto individuales como colectivos, es interminable; los enredos amorosos, con varios protagonistas, resultan relevantes para el desarrollo de la acción; no faltan los episodios en los que los caballeros acceden a un mundo donde la magia y la fantasía ponen las reglas. Pero estas huellas de la caballeresca castellana no son las únicas que se perciben en el texto. Del mismo modo, por sus páginas asoman personajes de las dos tradiciones caballerescas más relevantes de la Edad Media. Por un lado, la materia de Francia, ya que aparecen Carlomagno y sus pares, sobre todo Roldán y Renaldos, protagonistas absolutos de la obra castellana. Al mismo tiempo, el legado artúrico de la materia de Bretaña también se encuentra presente en sus dos vertientes, pues se menciona a Arturo y a Merlín, y se utiliza el motivo del filtro amoroso, que está tan asociado al ciclo de Tristán. La mezcla de tales ingredientes da como resultado una obra tan notable que pudo escapar del fuego en el escrutinio de los libros del famoso caballero manchego, aunque no pudiese evitar la condena del exilio.

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