Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635) nació y murió en Madrid, donde vivió la mayor parte de su vida, relacionándose con las figuras más señeras del campo literario de su época. Fue uno de los escritores más prolíficos del Seiscientos y se cuenta también entre los más audaces: cultivó todos los géneros, ensayó la combinación de nuevas formulaciones literarias y exploró numerosas vías estéticas con resultados sorprendentes. Destacó en el diseño de distintos y originales marcos: desde el diálogo (Corrección de vicios) hasta el banquete culinario (Coronas del ParnasoyPlatos de las Musas), pasando por el ágape barroco (Fiestas de la boda), las academias (Casa del placer honesto) o las galerías de retratos (El curioso y sabio Alejandro). De su pluma surgieron personajes sutiles, curiosos y sagaces, gracias a los cuales se las ingenió para dar noticia de las cuestiones palpitantes de la sociedad áurea.
El corpus dramático de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo continúa relegado a una pintoresca sala de espera dentro del canon barroco. El madrileño pasó a la historia como prosista, bastante más que como hombre de teatro o poeta, a pesar de haber firmado varias piezas de notable factura; verbigracia, su comedia en prosa El cortesano descortés. En ella se nos refiere la historia de don Lázaro, quien, en su obsesión por no quitarse el sombrero durante sus paseos por la villa, regatea el saludo a los vecinos y sufrirá una brutal caída de su montura. Tomando la convalecencia como principio de la trama, Salas dispara aquí una aguda sátira contra la vanidad, simbolizada por el susodicho y monumental sombrero —tan acartonado y hueco como su dueño—: el mismo que pronto le robarán un par de galanes y termina en manos de la deseada viuda doña Cristina, con la que el figurón acabará contrayendo un ridículo e interesado matrimonio, no sin antes padecer todo un catálogo de burlas.
La comedia, de hecho, no se limita a una peripecia con tópico final. Salas vertería muchas de sus preocupaciones vitales y estéticas acerca de la experiencia urbana en un Madrid en rápida expansión, el estado de la comedia nueva y su triunfo fuera de nuestras fronteras, el papel de la poesía de circunstancias como sarao, la ocasional vacuidad de los certámenes, la falta de educación en la sociedad del Imperio, la presencia de lo africano en el tejido capitalino o el séptimo sacramento como institución que empezaba a hacer aguas. Pero, sobre todo, El cortesano descortés se tradujo en un fascinante sondeo de la psicología masculina, habida cuenta de que vincula a este don Lázaro con otros personajes creados por la pluma del también cosmógrafo y ujier de saleta de Isabel de Borbón: Pedro Ceñudo (El necio bien afortunado), Boca de todas Verdades (Corrección de vicios), don Juan de Toledo (El caballero puntual), don Diego (Don Diego de noche), Alejandro (El curioso y sabio Alejandro, fiscal de vidas ajenas) y Paladio (La estafeta del Dios Momo). A su través, don Alonso fraguó una ética e incluso una estética de la intimidad doméstica, con el título que rescatamos como uno de sus testimonios más genuinos y hechiceros.
La colección Prosa Barroca, dirigida por Rafael Bonilla Cerezo (Universidad de Córdoba), nació como lugar de encuentro y sala de recreación para los investigadores de la narrativa áurea y curiosos en general. Junto con volúmenes de ensayo, da a conocer en rigurosas ediciones críticas novelas cortesanas, pastoriles, caballerescas, picarescas, bizantinas y moriscas, además de la retóricas y sermones de los oradores del Seiscientos español.
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