Beatriz Cuesta (Madrid, 1966). «Bea, yoguini y viajera. Flores y chocolate. Profesora de ESO, esto y aquello. Un blog y un collage. Siempre una Lady con foto en Instagram», así reza el perfil de esta licenciada en Filología Hispánica que empezó su aventura como creadora de contenidos allá por el año 2014 en filologosblog.wordpress.com. En la actualidad, compagina la docencia con la escritura de ensayo y novela, la participación en distintos clubs de lectura y la práctica de collage analógico. Cuentista en la ficción, ha publicado «A la luna porque nunca fui» (1997), relato que se incluye en ¡Qué mala suerte tengo con los hombres! Antología de nuevos narradores (Editorial Catriel) y «Nada ni nadie calla porque sí» (2003), relato que forma parte de Historias para viajes cortos (Editorial Dragontinas). En 2019 Sial Pigmalión publicó su novela de autoficción Mamá, estoy aquí para contártelo. Pandémicos y pospandémicos son los relatos «Solo sé cómo ser escritor» (en Relatos imperfectos, Escribir y Meditar, 2020), «Escuchar, otra manera de renunciar al ego» (en Puerta de embarque, Escribir y Meditar, 2021) y «La nueva realidad» (en Olas de un mismo mar, Escribir y Meditar, 2022).
Hay libros, pocos, que hacen fácil lo difícil. Es decir, a partir de una historia tan sencilla como la vida, la que cualquier ciudadano lleva en su mochila (como aquel bastón de mariscal que, según Napoleón, portaba en ella el más insignificante de los soldados), lograr que la anécdota mude en categoría. Conseguir que un relato de tipo familiar interese al común de los lectores. Yo mismo en este caso, lector de fondo, devorador de libros desde mi más tierna edad, y sorprendido con el manuscrito de Beatriz Cuesta. Perplejo porque una vez abierto el volumen descubrí alborozado que lo que iba a ser una lectura amable, amistosa, de entre colegas, se transforma enseguida en un recorrido apasionado por la vida privada de una persona que —sin tapujos, o al menos sin más de los imprescindibles— se lanza en un libro lleno de entrega, y sangre y sudor (y pocas lágrimas, que Bea Cuesta ya viene llorada de casa) a explicar algunas cosas (como Neruda, pero más por lo real que echando mano de surrealidades). Que semejantes privacidades resulten de interés general se debe a que Cuesta sabe escribir, conoce el modo de dosificar (¡hasta aquí hemos llegado!) sus argumentos, lanza el sedal en aguas moderadamente tranquilas. Mamá, estoy aquí para contártelo, a pesar de las apariencias, va dirigido al lector exigente, al que gusta de emocionarse en la fortaleza, el que prefiere (literariamente hablando) el solomillo al potito, no sé si me explico.
Vicente Araguas
2 valoraciones en Mamá, estoy aquí para contártelo
Valorado con 5 de 5
María Jesús –
Un libro ameno, entretenido y bonito… y real como la vida misma.
Valorado con 5 de 5
Mauricio –
Un libro lleno de emociones tan reales, que deseas seguir y seguir leyendo sin parar
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María Jesús –
Un libro ameno, entretenido y bonito… y real como la vida misma.
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Un libro lleno de emociones tan reales, que deseas seguir y seguir leyendo sin parar