Así dibuja el autor su autorreteatro: 

Nací siendo pequeñito / en Madrid, en La Paloma / –ojito, que esto no es broma–, / de ahí que sea algo chulito, / y es que, naciendo en Madrí, / los que en el Foro nacemos / somos tan pichis y buenos / por nuestra sangre cañí. / Yo soy del sesenta y tres, / con lo cual ya soy añoso. / No soy rico ni famoso, / pero aquí estoy, ya me ves, / navegando en este mar / proceloso de las artes / y remando en todas partes / para evitar naufragar. / Soy algo malabarista, / amo lo hermoso, lo bello, / lo mágico y es por ello / que ha mucho que soy artista.

Me gusta tocar mil palos / –el teatro en primer puesto– / y mirad: ¡vivo de esto! / Será que no soy muy malo. / Lo que importa en esta historia / es la bizarra andadura / de esta insensata locura: / mi compañía Morboria. / ¿Puedo definirme?: no, / aunque lo puedo intentar; / seguro he de fracasar / porque no lo sé ni yo. / Soy persona, lo primero, / teatrero lo segundo; / si he de dejar este mundo / que sea en el acto tercero. / Soy escritor cuando escribo, / si esculpo, soy escultor, / cuando pinto, soy pintor, / batería cuando hago ruido, / si pienso, soy pensador, / aunque hallo poca ocasión / pues al ser hombre de acción / actuando estoy mejor. / Pero si la acción se acaba / no soy nada, soy pequeño / y pongo todo mi empeño / en volver a las andadas.

Pienso que voy a llegar / al dos mil ochenta y cuatro / y será haciendo teatro / como pienso terminar. / Mientras, viviré risueño: / soy un tipo afortunado / y es porque tengo a mi lado / a la mujer de mis sueños.