Luis García-Berlanga Martí(1921-2010) es sin duda alguna uno de los cineastas más sobresalientes de nuestro panorama cinematográfico, de tal manera que aún hoy su influencia se mantiene con firmeza en la obra de diversos directores contemporáneos.

Nacido en Valencia, procedía de una familia de la burguesía acomodada. Su padre fue fundador de la Unión Republicana Valenciana, siendo posteriormente elegido diputado por el Frente Popular, por lo que al final de la Guerra Civil será condenado a muerte y pasará largos años en la cárcel, hasta 1952, meses antes de su fallecimiento.

Poco antes del final de la guerra, Luis es movilizado formando parte de lo que se ha denominado «la quinta del biberón» y es destinado al frente de Teruel. Al concluir la misma, de vuelta en Valencia, para suavizar la condena de su padre, entre otros motivos, toma la decisión de alistarse en la División Azul. Primero viajó hasta Berlín y posteriormente hacia Kritivischchi, cerca de Stalingrado. En ese destino bélico escribió buena parte de estos Cuadernos inéditos.

En su niñez estudió con los jesuitas, para luego iniciarse en estudios de tipo humanístico en su juventud. Sin embargo, en 1947 comenzaría su carrera en el cine matriculándose en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid. Su ópera prima llegaría en 1951 con Esa pareja feliz, en colaboración con Juan Antonio Bardem. A este primer largometraje siguieron otras obras como Bienvenido Mr. Marshall (1952), película que trasciende lo cinematográfico y forma parte del imaginario popular de los españoles. Pero su consolidación profesional se produce con Plácido (1961), con nominación al Óscar incluida. Otra de sus películas más destacadas fue El verdugo (1963), que con el tiempo se ha convertido en todo un clásico del cine español. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1986), entre otros destacados reconocimientos.

De su cine más reciente destacan obras como La escopeta nacional (1977), La vaquilla (1985) o su última película, París-Tombuctú (1999).

Una de sus grandes pasiones ocultas fue la poesía. Berlanga llegó a crear una considerable obra poética, gran parte de la cual ve la luz por vez primera, como era su deseo, en este libro.