Los niños de las caras

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SKU: 9788418333163 Categoría: Etiquetas: , , ,

Detalles del libro

Páginas

302

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788418333163

Sobre el autor

Cano Pereira, Juan

Cano Pereira, Juan

Juan Cano Pereira, Bélmez de la Moraleda, Jaén, 1965. Aunque lleva veintisiete años viviendo en Madrid, Juan es oriundo de uno de los pueblos más entrañables de la comarca jiennense de Sierra Mágina. Su primera incursión en la literatura fue a los dieciséis años, con la publicación de sus primeros relatos en el libro Escritos de la Anteguerra (edición no venal, 1983). Sus más recientes publicaciones son: «Los niños de las caras», aparecido en el libro Sierra Mágina: territorio literario (Editorial Sial Pigmalión, 2017), germen además de la presente novela; Un mundo perdido en el libro Esencia de olivo (2019); y «Una simple moza que se dice por aquí» en la antología Relatos en femenino (2020). Asimismo, escribe con regularidad una columna de opinión en el periódico Ideal Sierra Mágina, además de publicar en varios blogs de su autoría: elalmecino.blogspot.com, elreinodelashormigas.blogspot.com y juancanopereira.com.

Todo el mundo ha oído hablar de la asombrosa historia de «las caras de Bélmez»: unas escalofriantes figuras aparecidas durante las postrimerías del franquismo en la cocina de una humilde vivienda de Bélmez de la Moraleda, un pequeño pueblo de la comarca de Sierra Mágina, en la provincia de Jaén.  

Lo que a simple vista nos pudiera parecer un libro más acerca del considerado fenómeno parapsicológico más importante de todo el siglo xx, trata en realidad sobre el devenir histórico de un pueblo, narrado a través de los ojos de un niño que aún no había cumplido los seis años aquel fatídico atardecer del 23 de agosto de 1971, cuando apareció la primera de una innumerable serie de caras que terminaron poniendo a Bélmez en los mapas de la modernidad de la manera más estrambótica e inesperada. 

La novela, contada en primera persona, va desgranando la peculiar visión del niño de la casa de enfrente —alter ego del propio autor—, quien se creía invisible mientras husmeaba entre los visitantes —conocidos o anónimos— que frecuentaban la casa de las apariciones. A través de este testimonio, casi autobiográfico, se termina por vislumbrar la epopeya de un pueblo perdido en la recóndita Sierra Mágina, en la que la inusitada clarividencia e ingenua sinceridad de un niño lo envuelve todo: a María Gómez, con su mirada capaz de desnudarte con el pensamiento; al loco romántico de Germán de Argumosa y sus chaquetas imposibles; al cura Molina y sus contradicciones; al profesor Hans Bender con su traje azul hielo y su larga melena plateada; al padre Pilón, como el padre Karras de El Exorcista, solo ante la misma boca del infierno… A las mismas caras que, cerca de cincuenta años después nos miran, desde su gesto inquietante y, si nos callamos, parecen estar hablándonos a través del viejo magnetófono Nagra de cinta abierta, que Germán de Argumosa ha colocado en el fogón de la casa una noche más, pidiéndonos una explicación que dé un sentido lógico a todo esto; si es que la hay. La novela es, además, tan singular en su estructura como lo fue el fenómeno y como lo son las visiones de un niño en un contexto tan inusual para su edad.

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