Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952) es uno de los miembros más destacados de la que se ha llamado «la generación inverosímil» y está considerado como el renovador del humor español moderno. Su producción literaria es ingente. Pese a que se le conoce más como dramaturgo, escribió también novelas, cuentos, poesías, ensayos, artículos periodísticos y guiones cinematográficos. Dirigió películas y fue empresario teatral. Su humor vanguardista y cosmopolita creó escuela y dejó una impronta jardielesca en los humoristas posteriores.
Aparte de su obra creativa, Jardiel Poncela fue un teórico del humor, preconizó la superioridad de este sobre el género dramático. Para él, la comicidad era uno de los frutos de la civilización. El humor surge de la inteligencia. Para poder entenderlo y apreciarlo en profundidad ha de poseerse una sólida cultura, una aguda sensibilidad, un buen conocimiento del propio idioma y una actitud sabia ante el mundo.
López Rubio, José
José López Rubio (Motril, 1903 - Madrid, 1996) se inicia en la narrativa vanguardista con artículos, cuentos y una única novela, Roque Six (1928). Entabla amistad temprana con jóvenes autores: Edgar Neville, Enrique Jardiel Poncela, Antonio de Lara («Tono») y Miguel Mihura, siguiendo el magisterio de Gómez de la Serna. En 1930 marcha a Hollywood, contratado por la industria del cine. Regresa a España (1940), retomando su carrera de autor de comedias: Alberto, Celos del aire, La otra orilla, etc., así como la de guionista y director de películas: La malquerida, Eugenia de Montijo, El crimen de Pepe Conde… Fue merecedor de numerosos premios y reconocimientos y miembro de la Real Academia Española (1983).
Al presentar esta comedia primeriza escrita a cuatro manos, no debemos olvidar que nos hallamos no solo ante el documento de una colaboración sino el comienzo de una amistad y admiración mutuas por parte de los dos autores, que se inicia en el otoño de 1919, en el viejo Instituto de San Isidro, donde se cursaba entonces el Preparatorio de Derecho y Filosofía y Letras. Nos encontramos ante una pieza que, si bien no alcanza las cotas de originalidad y perfección a las que ambos llegarían en años sucesivos, no desmerece en absoluto de la inmensa mayoría de las comedias que se estrenaban entoncesen España. Es una pieza costumbrista, un sainete al uso, tan típico y tan genuino como el que más. Las características sainetescas se dan casi todas: los nombres típicamente madrileños en sus personajes, el desarrollo de la acción en una tienda, la inevitable partida de cartas entre vecinos, las alusiones al momento presente, el habla «arnichesca» con todos sus giros, sus incorrecciones y sus exagerados laísmos, la dilatación de la acción, y las alusiones a festejos y lugares de Madrid. Sin embargo, hallamos detalles que nos recuerdan el estilo posterior de ambos comediógrafos, como las menciones a compañeros de letras, algunas frases concretas que luego encontramos repetidas en sus obras de madurez o incluso la misma parodia del género.
Hay que recordar, empero, que la característica básica del sainete es que no importa tanto lo que pasa como la manera en que se cuenta lo que pasa; y en esto ambos autores aciertan, pues saben sacar gran partido lingüístico a unas situaciones normales. Son grandes diálogos para una acción no tan grande.
Como fuere, la colaboración de dos de los más grandes autores cómicos de teatro español es ya una gran noticia de por sí y motivo más que suficiente para su lectura.
José M.ª Torrijos y Enrique Gallud Jardiel
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