Templo-de-Emociones

Templo de Emociones

22,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Páginas

270

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417043117

Sobre el autor

Diego, Sol de

Diego, Sol de

Sol de Diego Nacida en la ciudad de Salamanca, ha publicado los libros de poesía Abismos del Amor (Huerga y Fierro, 2005), Corazón Viajero (Huerga y Fierro, 2007), ambos con prólogo de Leopoldo de Luis, Premio Nacional de las Letras Españolas, y Pasajeros del Olvido (Sial, 2015), con prólogo de Enrique Gracia Trinidad.

Su obra ha sido incluida en las antologías Erato bajo la Piel del Deseo (Sial, 2010) y Los Mejores Poemas de Amor (Pigmalión, 2013), así como en el libro Decíamos Ayer, antología en homenaje a Fray Luis de León, XVI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, 2013.

Ha publicado en diversas revistas literarias, como Mirador, de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, a la que pertenece. Actualmente, compagina se labor como escritora con su participación en recitales poéticos.

Ha cursado, además, estudios de arte dramático y de música, así como de doblaje. Ha trabajado como modelo y actriz, destacando sus participaciones en las películas Tango, de Miguel Hermoso y Kika, de Pedro Almodóvar, en las obras de teatro Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, Lady Macbeth, de Shakespeare, La Boda y el Aniversario, de Antón Chejov y Anda mi Madre, de Juan José Alonso Millán, en la serie de TV Farmacia de Guardia, de Antonio Mercero y en diversos spots publicitarios.

Trasponer el umbral del Templo de Emociones de Sol de Diego supone adentrarse en un mundo personal en el que se rinde culto al Arte y al Mito con mayúsculas, allí donde el dolor del tiempo no transcurre.

La mitología grecorromana es un bouquet de símbolos eternos que enarbolamos siempre que buscamos marcar nuestros afanes y deseos con el signo de la permanencia, y a ella acude Sol de Diego en busca de metáforas que traduzcan su stendhaliana enfermedad de belleza. Porque la autora busca en esa mitología las referencias que la ayudan a comprender lo que sucede tanto en el exterior —el paisaje— como en el interior —su alma—, fundiéndose ambas explicaciones imaginarias en un mismo crisol de creatividad e ilusión.

En la segunda parte del libro, de Diego rinde culto a sus maestros, entre los que encontramos nombres clásicos, pero también otros más cercanos en el tiempo, desde Vicente Aleixandre hasta Arturo Pérez-Reverte, pasando por Juan Van-Halen, Miguel Ortega Isla, Leopoldo de Luis o Fernando Sánchez Dragó. De ese modo, los nombres mitológicos se mezclan con los de sus escritores preferidos, configurando un Templo (también con mayúsculas) en el que rendir culto a la única diosa en que deben creer los poetas: la diosa del ars longa frente al demonio de la vita brevis.

Luis Alberto de Cuenca

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