La piel del licántropo

Desde las páginas de este segundo poemario de Fermín Fernández Belloso nos acecha y asombra un lobo estepario que se mezcla con la urbe para irse de sí mismo, que se confunde entre los suyos para ser el hombre universal. El autor propone este juego dual  desde la primera línea. Juego con la soledad más severa y también con una porción de esperanza que nunca se nomina pero está allí, agazapada en cualquier rincón de las páginas.

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.135 kg
Páginas

72

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417397081

Sobre el autor

Fernández Belloso, Fermín

Fernández Belloso, Fermín

 

Fermín Fernández Belloso. Nacido en Alcázarde San Juan en 1978 y criado en Pedro Muñoz (Ciudad Real), estudió Psicología Clínica en la Universidad Pontificia de Comillas y Derecho en El Real Colegio M.ª Cristina, de San Lorenzo de El Escorial. En 1992 ganó el III Concurso de Creación Literaria para Niños de Ciudad Real; en 1996, el III Premio Literario Villa del Mayo Manchego. En 2004 publicó Cuentos de pan y pimiento (BAM). En 2009 realizó el guion del cortometraje Tres mejor que dos. En 2013 recibió el Primer Premio del XXVIII Certamen Internacional de Poesía Mística de Malagón. En 2014 publica el poemario El niño y la guerra (Vitruvio). En 2017 publicó, también en la colección de poesía de Pigmalión, el libro Días de silencio, que editó en Colombia el grupo Pijao. Ha participado en Un año después y otros relatos breves polifónicos y en el libro de cuentos infantiles El cumpleaños de Aracne y otros cuentos (ambos de Sial Pigmalión). Es miembro del PEN Club Español.

A Fermín Fernández Belloso la poesía lo supera, y brota de estas páginas como el oxígeno translúcido que inhalamos. Es un acto supremo que tiene que ver con su esencia, con el afán certero y apasionado de asumir una voz. No conozco ciertamente el aspecto viticultor de Fermín Fernández Belloso, pero supongo que, cuando se hunden sus manos en la tierra tiene la misma y profunda actitud que derrama en los versos.

Entre el horror de lo instintivo y la curvatura de lo humano va a deslizarse una lengua que se muestra y también esconde, modifica y se hace palabra con la fuerza del escalpelo.

¿Es la voz de un labriego? ¿Es la voz de la urbe la que rige el poemario? Un delicado equilibrio transita los versos, que me nutro de luna confundida, dice el poeta, y también que casi no recuerdo mis hechuras / porque dejé de ser lo que era / para olvidar mi vida.

Asombra este lobo estepario que se mezcla con la urbe para irse de sí mismo. Se confunde entre los suyos para ser el hombre universal. Juego dual que se propone desde la primera línea. Juego con la soledad más severa y también con una porción de esperanza que nunca se nomina pero está allí, agazapada en cualquier rincón de las páginas.

María Vilalta

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