Aunque se conozca poco de su vida, las noticias que Matías de los Reyes deslizó por sus paratextos dan carpetazo a ese perfil de dramaturgo y novelista nacido en Borox, a las afueras de Toledo, en 1581. Sus raíces judías pronto lo obligaron a mudarse a la villa y corte; de ahí que se presentara en las portadas de sus impresos como «natural de Madrid». Sin embargo, residió asimismo en Villanueva de la Serena (Badajoz), donde desempeñaría el oficio de escribano de rentas, y también en Jaén —seguramente en Torredonjimeno, según se desprende del par de prólogos a El Menandro y de la inédita traducción del Tratado de la Esferade Sacrobosco y anotaciones de Mauro Florentino—. Allí publicó sus seis comedias (Pedro de la Cuesta, 1629) y el antedicho Menandro (1636), que, junto a los madrileños Curial del Parnaso (Viuda de Cosme Delgado, 1624) y Para algunos (Viuda de Juan Sánchez, 1640), se cuentan entre los mejores libros de entretenimiento de la primera mitad del Barroco.
Dotado de una historia pretexto a guisa de marco –la peregrinación del homónimo protagonista, que huye de los incestuosos asedios de su madrastra–, El Menandro (Jaén, 1636) incorpora novelle a la italiana, «relatos bizantinos en miniatura» y «cuentos apicarados». Si bien tampoco faltan paralelismos con las Etiópicas de Heliodoro, la peripecia revela un notable apego tanto a la ficción breve como a los secuaces de Boccaccio, fruto del diálogo de Menandro con diversos personajes que propician la función de mise en abyme de tales fábulas. De acuerdo con el signo heterogéneo que define la «narrativa larga» de Reyes, en esta edición se sondean sus fuentes y motivos, anclados a menudo a un proceso de reescritura. El novelista supo multiplicar en una disposición fragmentaria las tramas y rastros de sus palimpsestos, cuyo camuflaje obedecía al veto de la Junta de Reformación (1625-1634), que retrasó la entrega de la obra a los tórculos. De ahí, sin duda, las tres emisiones de la princeps.
Al calor del éxito de la bizantina, que no fue víctima de aquella prohibición, El Menandro despliega un rosario de argumentos al itálico modo, urdidos en torno a la citada peregrinación de su héroe. Es así como el «Suceso y fin de Moncada» deviene un calco de la novella IV, 10 del Decamerón, al tiempo que se nutre de un motivo de los I Diporti de Parabosco e imita varios lances de la III, 6 de los Ecatommiti de Giraldi Cinzio, de la IV, 59 de Bandello y de la 29 de Doni. La impronta de Boccaccio (IX, 6) asoma de nuevo en la burla de «La cama oscura», mientras que la «Historia de Camilo y Lucrecia» se antoja fiel adaptación de la novella II, 41 de Bandello, cuyo magisterio (IV, 25 y II, 40) resucita durante el encuentro de Dinarda con Ricardo y, después, bajo el idilio de Menandro y Laura. El «notable suceso» de Federico bebe de la novella I, 1 de los Ecatommiti, igual que la «Historia de Laura y Cesar» (II, 1). Sin embargo, las refacciones de Reyes no solo se ciñeron al universo italiano, según pone de relieve el episodio de las botas, muy deudor de una de Les Nouvelles récréations et joyeux devis (1558) de Bonaventure Des Périers; la «novela de Leonor y Luis», remedo del comienzo de la XCVIII de Les Cent nouvelles nouvelles (1456-1467) de Philippe de Vigneulles; y el cuento del «muchacho de la cola de lobo», espigado en los Miracles du loup de Les aventures du baron de Faeneste (1617-1620) de Agrippad’Aubigné.
La colecciónProsa Barroca, dirigida por el Prof. Rafael Bonilla Cerezo (Universidad de Córdoba), nació como lugar de encuentro y sala de recreación para los investigadores de la narrativa áurea y curiosos en general. Junto con volúmenes de ensayo, da a conocer en rigurosas ediciones críticas novelas cortesanas, pastoriles, caballerescas, picarescas, bizantinas y moriscas, además de las retóricas y sermones de los oradores del Seiscientos español.
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