El patio amarillo

Aranda (seudónimo del poeta gaditano José Luis López Jiménez), tiene un dominio del verso castellano y de la métrica española clásica digno de subrayarse. La gente ha ido perdiendo el oído con el «todo vale» de la posvanguardia y ha olvidado que tradición y modernidad no tienen por qué ser términos contradictorios. Ofrece el verso al lector en su envoltura rítmica y sentimental (hay mucho sentimiento, mucha estética del recuerdo, mucha memoria íntima en El patio amarillo). Marín Aranda es, además, pintor, y enriquece su patio de palabras con unos amables dibujos que contribuyen a fijar las imágenes plásticas que emanan de sus propios poemas.

Luis Alberto de Cuenca

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.147 kg
Páginas

80

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417043155

Sobre el autor

Marín Aranda, Jose Luis

Marín Aranda, Jose Luis

José Luis Marín Aranda (Algeciras, Cádiz) es pintor y poeta, vinculado al mundo de la empresa, la consultoría y la docencia en la disciplina de dirección y desarrollo de personas. Como pintor, es autodidacta. Su pincel tiene una línea de trabajo figurativa transformada, con una amplia temática. La naturaleza y el retrato moderno, con el color como protagonista, son sus principales motivos, consiguiendo un bello cromatismo. Usa técnicas mixtas de óleo, acrílico y acuarelas. Marín Aranda acostumbra a ilustrar sus libros personalmente con el fin de fijar las imágenes plásticas que nacen de sus poemas, poniendo color a la musicalidad de sus versos. Admirador de la poesía clásica española, sus versos le hablan a la mujer, al amor y a la naturaleza, en un mensaje que el poeta comunica con palabras sencillas y llenas de profunda sensibilidad. Se define como un gran soñador. Su lenguaje es directo y claro, prefiriendo la coherencia y la expresión rítmica y musical de sus poemas ante supuestos que hay que descifrar.

Marín Aranda (seudónimo del poeta gaditano José Luis López Jiménez), tiene un dominio del verso castellano y de la métrica española clásica digno de subrayarse. La gente ha ido perdiendo el oído con el «todo vale» de la posvanguardia y ha olvidado que tradición y modernidad no tienen por qué ser términos contradictorios.

Marín Aranda es, además, pintor, y enriquece su patio de palabras con unos amables dibujos que contribuyen a fijar las imágenes plásticas que emanan de sus propios poemas. En este nuevo libro no hay tanta presencia del soneto y de la décima como en el anterior, pero no se descuida en ningún momento la música del verso, que se ofrece al lector en su envoltura rítmica y sentimental (hay mucho sentimiento, mucha estética del recuerdo, mucha memoria íntima en El patio amarillo).

Luis Alberto de Cuenca

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