Rayomatiz

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.185 kg
Páginas

102

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788418333293

Sobre el autor

Portillo Casado, Antonio

Portillo Casado, Antonio

Antonio Portillo Casado (Jaén 1963) Seudónimo (Lope Machado y Quevedo)

Funcionario y poeta. Su inquietud lírica comienza en Bachillerato cuando estudia a los poetas clásicos españoles. Cree que la poesía es belleza, sentimiento, crítica y reflexión. Se considera un poeta humanista. Su temática principal es la naturaleza, el amor, la crítica y lo social. Premio de Poesía “Torreón” de Las Gabias (Granada, 2017), Premio de Poesía del VIII Certamen de Poesía Fernando Calvo (2020) entre otros reconocimientos. Miembro de varias asociaciones de escritores y colaborador de revistas literarias. Participante en diferentes Ferias del Libro Españolas. Incluido en antologías poéticas nacionales e internacionales. Varios poemas suyos han sido traducidos al francés y al árabe. Ha prologado diferentes libros y ha sido jurado en varios certámenes literarios. Autor de los libros de poesía: Amanece copo a copo (2015) –poemas de adolescencia-, Singladuras (2016) –poemas de juventud-, Vientos del Verso (2018), Luz donde la herrumbre (2019) y Rayomatiz (2020). Blog: Poemas y esas cosas bellas.

Premios:

-Premio de Poesía del I Certamen de Poesía “Torreón” de Las Gabias (Granada) 2017.
-Premio de Poesía del VIII Certamen de Poesía Fernando Calvo (2020).

Reconocimientos:

-Certificado de Excelencia, concedido por la Academia Norteamericana de Literatura Moderna por la elaboración del seminario “Las Metáforas en Antonio Machado”.
-Reconocimiento por la aportación al prestigio de la Asociación de Escritores de Madrid.

Poemarios:

-Rayomatiz, julio 2020 – ED. Sial Pigmalión
-Luz donde la herrumbre, febrero 2019 – ED. Sial Pigmalión
-Vientos del verso, enero 2018 – ED. FUSSION EDITORIAL
-Singladura, ED. Asociación de Escritores de Madrid (1ª edición nov. 2016)
-Amanece copo a copo, nov. 2015 – ED. Bubok Publishing

BLOG: Poemas y esas cosas bellas: https://antonioportillocasado.blog

Estaba preparándome para hacer el prólogo de este libro de Antonio Portillo, y tengo que intentar explicaros lo que acaba de pasarme. No sé si habéis tenido alguna vez la experiencia de la lectura poética intensa, pero ocurren cosas inesperadas. Uno entra en otra dimensión, en una realidad paralela.

Mirad cómo ha sido:

He sentido en el pecho las vibraciones de un cuenco tibetano. He procurado ser valiente. He fumado un cigarro con lentitud, sin miedo. He abandonado la noche y perdido la conciencia. Robé un cruasán y no he querido ser peonza —sonaban melodías de agua y vi cisnes bailando—, se me ocurrió brindar en la casa del dios Baco.

Oigo hablar de gaviotas, pero no pienso volar ni pienso caer. Veo surgir remolinos de colores y arena —estoy contigo, ¿lo recuerdas?—, pero qué importa eso ahora; solo importa bailar un rock and roll desnudos, navegar como payasos y que aplaudan algunas figuras bajo los astros, en la noche. (…)

Después, he vuelto en mí. Me di cuenta de que era inútil escribir un prólogo a un libro de poesía, que solo puedes acompañarlo en la lectura, vivirlo como tuyo, fundirte con Antonio Portillo en sus palabras y volver a la oscura realidad, transformado por la intensidad de su luz, por el fulgor de su rayo.

Enrique Gracia Trinidad

Hablar de Antonio Portillo Casado es hablar no sólo de un hombre amable y honesto sino de un poeta honesto. Lo que no es poco, sobre todo en estos tiempos en los que a veces la poesía se convierte en una farsa, en un escaparate donde importa más lo publicitario y lo inmediato –o el número de seguidores que se tenga en las redes sociales– que el trabajo de la palabra, el bagaje de las lecturas y la elaboración estética bien meditada y cocida a fuego lento.

Y decir que Antonio es un poeta honesto no es poca cosa porque en poesía es muy importante la honestidad, sobre todo la del poeta consigo mismo, el poeta que es valiente y no se hace trampas en solitario, que no toma atajos ni usa trucos de feria, sino que intenta dar lo mejor de sí mismo, ir más allá de sus paisajes y sus límites, exigirse siempre una vuelta de tuerca más, arriesgarse y no mecerse en los versos ya escritos, aquellos que fueron elogiados por poetas a los que uno admira y que se guardan muy dentro, como oro en paño.

Rayomatiz es un poemario arriesgado ya desde su título porque alberga la pretensión de inventar un nuevo lenguaje poético, retorciendo los sentidos y los significados para lograr nombrar y describir de otra manera el mundo, o el Planetamundo, como dice el poeta, en el filo de la palabra y la navaja tiempo. En la herida entendida como sed. El hilo conductor de este libro podría decirse que es la búsqueda de la belleza en todas las facetas y momentos de la vida. En la luz y en la herrumbre, como pasaba en su anterior libro, cuya génesis explica en un poema de este otro libro, en el que muestra su propia actitud ante la vida: “La luz y la vida me hablaban / desde la muerte o la decadencia más absoluta. / Sentí un impacto de belleza”. Ese impacto fue la génesis de Luz donde la herrumbre y otro impacto semejante fue la de Rayomatiz, dos contemplaciones en distintos momentos, diferentes disparos, casi siempre relacionados con la luz, que le sobrevienen cuando menos lo espera –aunque él suele estar alerta para no perdérselos–.

Porque Antonio va en pos de la belleza, vive a lomos de un síndrome de Stendhal que le asalta desde las cosas cotidianas: una puerta a punto de abrirse, un muñeco de peluche abandonado, una cometa viajando libre en su cautiverio, la arcilla en las uñas del artesano, las sábanas tendidas al sol, una copa de vino para hacerle un brindis al dios Baco, una paella en familia o incluso una lata de tomate que se cae y se rompe contra el suelo, o sencillamente los ojos tristes de un anciano que ha perdido todo aquello que amaba.

Todo eso y mucho más está en este libro, demostrando que el poeta es capaz de atisbar la belleza en las cosas más nimias y menos obvias, en un totum revolutum intencionado, ya que el libro no tiene ni compartimentaciones ni un orden aparente, de manera que es el lector quien va advirtiendo las asociaciones entre unos poemas y otros, el rumor de fondo de aquello que le interesa al poeta, que, eso sí, no ha cambiado desde sus primeros libros: amor, la muerte, la niñez, el mar –sí, el mar en un poeta de Jaén–, los temas sociales –incluido el ecologismo– o la poesía, entre otros. Tal vez a eso se refiera Enrique Gracia Trinidad cuando habla en el prólogo de “otra dimensión, una realidad paralela” en la que uno acaba entrando a medida que va avanzando en los poemas y en las claves que esconden.

Acabo ya. Nunca oiréis a nadie hablar mal de Antonio, porque es un hombre afectuoso siempre dispuesto a ayudar a quien se lo pida. Pero además, como os decía al principio, es un poeta honesto que cree en lo que hace, en lo que escribe y en el valor de la constancia y el esfuerzo.

Termino, invitándoos a leer el primer poema del libro, “El cuenco tibetano”:

 

Pasado y hoy, libros y existencia.
Eso somos. O deberíamos.

El viento no olvida las raíces de la llama.
Es testigo de luchas, sangre y muerte.
También de luz amarilla.

Nos alerta. Prefiere palabras en párpados;
Polvo y arcilla en los pies; manos juntas.
Recorre la huerta para mirar los frutos del estiércol.
Nos convocará ante el cuenco tibetano.

Escuchad las vibraciones y lo agudo de la cicatriz.
Sed valientes.

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