Soy de Valladolid, España, incluidos leísmos y laísmos. Me licencié en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid. Mi carrera profesional se ha desarrollado en el ámbito comercial.
Mi primera novela, publicada en 2016, fue Sevilla... Gymnopédies, premio Escriduende a la mejor autora novel. La siguieron Mujeres descosidas (2017), Al otro lado del tiempo (2018, Premio Internacional de Narrativa Sial Pigmalión, publicada también en Colombia), Largas tardes de azul (2019), Un lugar al que llegar (2020), Oscuro deseo (2021, Premio Escriduende a la mejor novela negra), Agua de mayo (2022), la colección de relatos El gusto es mío (2023) y La memoria de los días perdidos (2024). He colaborado en los libros colectivos El cumpleaños de Aracne (libro de relatos infantiles) y Cuarentena literaria, y en la colección Territorios Literarioshe participado en los libros dedicados a Sierra Mágina, Madrid, Frankfurt y Santo Domingo de Silos.
Mi escritura es sencilla, reivindico mi estatus de la voz de la calle. Disfruto de la gente corriente porque en ella encuentro la grandeza del ser humano para escribir. Todo el mundo y todo a tu alrededor es tu maestro. ¿Lo que más me gusta? Vivir, reír, viajar, mis hijos, el flamenco, los amigos, sentirme útil. ¿Qué me ha enseñado la escritura? Que la vida es grande, muy grande, y si esta no te ha dado la oportunidad de vivir como tú quisieras, ahí están los escritores para ayudarte a vivirla.
Agua de Mayo es el nombre de dos Haciendas separadas por una larga distancia pero unidas por un mismo corazón…
Desde la República Dominicana, Valladolid y Sevilla, Madeca y su nieto Pablo nos llevan a una historia trepidante, un thriller entre el pasado y el presente, para hacer justicia, ella con su pasado y él con su presente.
La casa palacio de Pumarejo en Sevilla será el centro neurálgico de la historia, y Triana el broche de sus vidas para hallar la tan ansiada paz.
Por medio, la guerra civil española en Sevilla, un amor oculto durante décadas, y unas adicciones de un muchacho de hoy que no supo reprimir.
Pablo, a la muerte de su abuela, recibe una herencia envenenada. Todos en la familia ignoraban quién había sido Madeca, y su nieto es el encargado de descubrirlo ayudado por personajes luminosos que se fue encontrando por el camino.
Leer Agua de Mayo es entrar en el universo de M.ª Ángeles Cantalapiedra. Es bajar a los infiernos con su protagonista, Pablo Fernández, y luchar para salir de allí con él. Es amar a su abuela Madeca, la que pide que nos aferremos a los sueños «porque si ellos mueren, la vida se convierte en un pájaro con sus alas quebradas que deja de volar», y leer Agua de Mayo es también sufrir su pérdida, el timón que nos orientaba, el asidero que nos mantenía a flote. Leer esta historia es saborear frutas tan exóticas como la papaya o la chinela. Oler el mango, abrir una guayaba y beber un batido «morir soñando» porque esta historia habla de raíces y nace en el Caribe como Cantalapiedra: «Pero el hogar lo haces tú, da igual donde estés», escribe. Adentrarse en esta novela es pasear bajo la sombra de los árboles del Campo Grande de Valladolid y «en la noche, escuchar a los pavos reales invocar a sus dioses». Leer Agua de Mayo es abandonar con Pablo esa paz que le aportaba su ciudad para buscar respuestas. Sevilla, «esa tierra que habla y rezuma verdad y tradición», le llamará desde el pasado para enfrentarle a su destino…
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