Luz de gas

Como a mí y, tal vez a ti, amable lector, José María Triper reconoce que le cuesta salir cada día al escenario sabiendo que no existe. Que sólo es la ficción de una vida imaginada. Tal vez por esto, Luz de gas huele a estupor, a ajuste de cuentas y tenaz desgarro. Poeta de claridades, Triper se muestra incapaz de resolver nada, pero capaz de atrapar lo esencial. De dar sentido, sin proponérselo, a lo que parecería que no lo tiene. Nunca sabes bien si está dolorido, indignado o indiferente. Sólo una cosa queda clara: el grito sincero, muy sincero, de quien aguarda el milagro. Lo mejor de Luz de gas está en las cosas que dice y en las que no dice, escritas con palabras siempre insufi cientes, en las paredes del silencio; en la sangre que corre por sus versos y salta a borbotones.

Jesús Fonseca

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.158 kg
Páginas

84

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788415746300

Sobre el autor

Triper, José María

Triper, José María

Poeta y periodista, José María Triper es madrileño y licenciado en Ciencias de la Información. Columnista de El Economista, Diario Abierto y Moneda Única. Premio Internacional de Literatura Gustavo Adolfo Bécquer en 2014, su obra incluye siete poemarios: Canciones para un recuerdo (Editorial El Gran Espectáculo, 1977), La noche de la espera (2010), Mientras muere la tarde (2011), Aunque sea solo (2013), Luz de gas (2016), Premio Sial Pigmalión de Poesía, Paisaje urbano, estos cinco últimos editados por Sial Pigmalión, y El desván del tiempo (Algaida, 2015) por el que recibió el Premio Internacional de Poesía José Zorrilla. 

Es también autor de los textos en prosa poética del libro Campos de Castilla. Paisaje poético machadiano. Por sus trabajos periodísticos  ha obtenido los premios del Club de la Energía (1990), de la Federación de Industrias del Calzado (1990), de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid (1997) y del Club de Exportadores e Inversores Españoles (2003. En diciembre de 2018 fue condecorado con la Insignia del Congreso a Periodistas de la Transición.

Una vez más, el mundo duerme, mientras el poeta vela. José María Triper es uno de esos escritores de mirada limpia que quita la venda de los ojos. De encuentro y desencuentro con todas las cosas y pensares; capaz de bordear el abismo. Alguien en quien se entrelazan la lucidez y la belleza del barruntar más hondo. Capaz de llevarnos lejos de lo fugaz, de lo frágil que nos rodea y poner en pie la vida entera, día tras día, con sus amaneceres y ocasos; con su imparable baile de máscaras, como bien queda reflejado en este Soneto existencial que el poeta se dedica a sí mismo:

Sólo soy el protagonista involuntario
de una comedia intrascendente de segunda
que agoniza. El telonero necesario
de un absurdo baile de máscaras diario.
El último monólogo que palidece en la penumbra
mientras el regidor apaga las luces del teatro.

Como a mí y, tal vez a ti, amable lector, José María Triper reconoce que le cuesta salir cada día al escenario sabiendo que no existe. Que sólo es la ficción de una vida imaginada. Tal vez por esto, Luz de gas huele a estupor, a ajuste de cuentas y tenaz desgarro. Poeta de claridades, Triper se muestra incapaz de resolver nada, pero capaz de atrapar lo esencial. De dar sentido, sin proponérselo, a lo que parecería que no lo tiene. Nunca sabes bien si está dolorido, indignado o indiferente. Sólo una cosa queda clara: el grito sincero, muy sincero, de quien aguarda el milagro. Lo mejor de Luz de gas está en las cosas que dice y en las que no dice, escritas con palabras siempre insuficientes, en las paredes del silencio; en la sangre que corre por sus versos y salta a borbotones.

Jesús Fonseca

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