Que voy de vuelo

14,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0,700 kg
Páginas

60

Encuadernación

Rústica

Formato

15×21 cm

Idioma

Castellano

ISBN

9788419370952

Año de publicación

2023

Sobre el autor

Araguas, Vicente

Araguas, Vicente

Vicente Araguas nació en Neda (Coruña), un domingo, 24 de setiembre, al mediodía. «Nunca quise molestar», aclara, y añade: «y como titulé uno de mis libros gallegos, Ás veces en domingo abonda coa tenrura; también por eso». Doctor en Filología Inglesa, ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, últimamente de Poesía, en el Colegio Logos, de Las Rozas (Madrid). Su vida, larga y muy vivida —nació en 1950—, transcurre ahora entre Majadahonda, Neda y Olomouc (Moravia). Siendo este último lugar causa y razón de alguno de sus títulos poéticos más recientes, por ejemplo, Variaciones Goldstein, debutante en este volumen. Poeta en ejercicio, Araguas se desenvuelve también como narrador, articulista, Diario de Ferrol, Majadahonda Magazin, crítico literario, Leer, El Urogallo, Revista de Libros, Nordesía, La Región, conferenciante, ensayista. En este último territorio publicó en Pigmalión un estudio sobre la poesía dylaniana, su tesis doctoral, El mundo poético de Bob Dylan. Vicente Araguas es, en esencia, alguien que ha hecho de la búsqueda de la belleza el motivo central de su devenir, literario, artístico y humano. Traducido al portugués, italiano y checo, autor bilingüe, en gallego y español, ha botado recientemente dos libros gemelos: Que voy de vuelo y Ronsel de prata vella, inspirados en la misma «alma vieja», que todo —asegura, y como cantaban Four Tops—, It’s The Same Old Song.

En realidad este libro formaba parte de otro. No era sino el desenlace de Variaciones Goldstein, un volumen que sigue cuajándose como la historia que en él viaja, y que visto lo visto ahora será la segunda parte de una trilogía, completada con Solealba. 

Ocurre que ese remate, construido sobre doscientos versos, comenzó a tirar de mí, los libros suelen tener vida propia. Y como seguía progresando, decidí dejarme llevar por el ritmo de los alejandrinos, que es la métrica que me escogió. Y digo bien. Porque no fui yo quien optó por ella. Sino que se produjo, y los poetas y los amantes de la poesía en general ya me están entendiendo, ese milagro, esa simbiosis, entre el género y el intérprete, de manera que no se sepa bien qué cosa fue primero. (…) Como es evidente, el título y algunos versos, pocos, pero sí el espíritu del libro, se lo debo a San Juan de la Cruz. El poeta más alto de cuantos conozco. 

(…) Hay alguien que ha estado conmigo en todo el proceso de elaboración de Que voy de vuelo. ¿Cómo no celebrar a Klára, con quien emprendí este vuelo y otros más, alguno también a bordo de un barco que no llevaba a Citérea, pero bien podría haberlo hecho? Y en el remate de este desenlace, va también mi última voluntad. Otra historia. Naturalmente. Tan naturalmente como las manos que ante mí estoy viendo, bronce sobre albo, más ermita que catedral, más primitivismo que Rodin, más lo tierno que lo grave. De vuelo. Siempre de vuelo; manos como palomas.

Vicente Araguas

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