Ayer y todavía

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0.130 kg
Páginas

68

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417825379

Sobre el autor

Araguas, Vicente

Araguas, Vicente

Luego de un largo recorrido por diferentes espacios literarios vuelve Vicente Araguas (Xuvia-Neda, Coruña, 1950) por donde solía: la poesía. Con este libro, que hace el número cinco de su obra poética en castellano —los tres anteriores, No se llora con la boca llena, Soleá, Ayer y todavía, publicados igualmente en Sial Pigmalión—, nuestro autor demuestra un momento de madurez, en el que la experiencia se combina con un espíritu independiente del que no puede surgir sino literatura en estado puro. Poesía, para el caso, donde lo culto y lo rebelde no son sino elementos complementarios, llegando casi al pleonasmo.

Doctor en Filología Inglesa con una tesis también publicada en Sial Pigmalión que lleva por título El mundo poético de Bob Dylan, Vicente Araguas ha hecho de su vida alarde cosmopolita, que lo lleva a multitud de viajes, interiores y exteriores, aunque siempre con objetivos literarios pues, autopoética, «se vive como se escribe, se escribe como se vive, y lo demás se os dará por añadidura». Algo así.  

Hasta me parece que la poesía se escribe (o ella te escribe a ti, o ambas cosas) para que sirva de asidero, de ancla. Para que nos sostenga sujetos de esta orilla, sea la que fuere, donde hay tantas cosas que nos asombran, encantan, maravillan. No, yo creo que no queremos marcharnos jamás, que quisiéramos plantar como el instante aquel del Monte Tabor unas chozas, no tiendas, no, simples cabañas, en que alojarnos, en que sentirnos libres de la tormenta que bate bravía ahí afuera. Y nosotros, dentro, muy adentro, arropados por mantas que abrigan pero no agobian. (…) Y es que todos necesitamos cobijo, como el que nos da la poesía. Misterio, el que dota a la poesía de raya, rimmel, rubor o cuanto haga falta para maquillarnos en esta difícil batalla de vivir o —cuando menos— de fingir que vivimos. 

Y hasta me parece que la estación más favorable a cierta poesía escrita por mí es el verano. Yo que amo los viajes, también los interiores, el sitio, no lo dudo: Xuvia-Neda. Encuadrado mi huerto por ese ventanal abierto al aire del verano de Neda. Como un verano en Neda, subtitulé un libro de poemas anterior a este. Sigo afirmándome en ello. También en que la poesía es un intento esperanzado para no marcharnos nunca. Para que en el huerto crezcan también las cabañuelas. Mientras merodea el amor con sus disfraces múltiples. Algo así o de esta manera. Ayer y todavía.

Vicente Araguas

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