Ayer y todavía

15,00 IVA Incl.

Detalles del libro

Peso 0,130 kg
Páginas

68

Encuadernación

Rústica

Idioma

Castellano

ISBN

9788417825379

Sobre el autor

Araguas, Vicente

Araguas, Vicente

Vicente Araguas nació en Neda (Coruña), un domingo, 24 de setiembre, al mediodía. «Nunca quise molestar», aclara, y añade: «y como titulé uno de mis libros gallegos, Ás veces en domingo abonda coa tenrura; también por eso». Doctor en Filología Inglesa, ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, últimamente de Poesía, en el Colegio Logos, de Las Rozas (Madrid). Su vida, larga y muy vivida —nació en 1950—, transcurre ahora entre Majadahonda, Neda y Olomouc (Moravia). Siendo este último lugar causa y razón de alguno de sus títulos poéticos más recientes, por ejemplo, Variaciones Goldstein, debutante en este volumen. Poeta en ejercicio, Araguas se desenvuelve también como narrador, articulista, Diario de Ferrol, Majadahonda Magazin, crítico literario, Leer, El Urogallo, Revista de Libros, Nordesía, La Región, conferenciante, ensayista. En este último territorio publicó en Pigmalión un estudio sobre la poesía dylaniana, su tesis doctoral, El mundo poético de Bob Dylan. Vicente Araguas es, en esencia, alguien que ha hecho de la búsqueda de la belleza el motivo central de su devenir, literario, artístico y humano. Traducido al portugués, italiano y checo, autor bilingüe, en gallego y español, ha botado recientemente dos libros gemelos: Que voy de vuelo y Ronsel de prata vella, inspirados en la misma «alma vieja», que todo —asegura, y como cantaban Four Tops—, It’s The Same Old Song.

Hasta me parece que la poesía se escribe (o ella te escribe a ti, o ambas cosas) para que sirva de asidero, de ancla. Para que nos sostenga sujetos de esta orilla, sea la que fuere, donde hay tantas cosas que nos asombran, encantan, maravillan. No, yo creo que no queremos marcharnos jamás, que quisiéramos plantar como el instante aquel del Monte Tabor unas chozas, no tiendas, no, simples cabañas, en que alojarnos, en que sentirnos libres de la tormenta que bate bravía ahí afuera. Y nosotros, dentro, muy adentro, arropados por mantas que abrigan pero no agobian. (…) Y es que todos necesitamos cobijo, como el que nos da la poesía. Misterio, el que dota a la poesía de raya, rimmel, rubor o cuanto haga falta para maquillarnos en esta difícil batalla de vivir o —cuando menos— de fingir que vivimos. 

Y hasta me parece que la estación más favorable a cierta poesía escrita por mí es el verano. Yo que amo los viajes, también los interiores, el sitio, no lo dudo: Xuvia-Neda. Encuadrado mi huerto por ese ventanal abierto al aire del verano de Neda. Como un verano en Neda, subtitulé un libro de poemas anterior a este. Sigo afirmándome en ello. También en que la poesía es un intento esperanzado para no marcharnos nunca. Para que en el huerto crezcan también las cabañuelas. Mientras merodea el amor con sus disfraces múltiples. Algo así o de esta manera. Ayer y todavía.

Vicente Araguas

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